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Que tiempo feliz, el de la niñez... dice una vieja cancion folclorica argentina y, de hecho, la niñez es un tiempo feliz en el cual muchas personas sienten que se define lo más importante de su personalidad, aquello que los hace ser seres humanos unicos e irrepetibles.
Lamentablemente, la niñez, propiamente dicha, considerada ese periodo de la vida donde todo sale bien se termina apenas un niño comienza las clases porque alli descubre que todas las nociones que le dejaron sus padres sobre el bien y el mal no funcionan en el mundo real.
Y esa percepcion, dura, con la que chocan como si fuera un muro de piedra suele ser el resultado de un compañerito que goza de algunas ventajas considerables sobre el resto de la clase, por ejemplo, el tener un hermano mayor que lo preparo para enfrentarse a los hechos de la vida adulta, o, al menos, la vida en las clases.
De esta manera, este niño, picaro y diferente al resto puede acceder rapidamente a las claves para hacer menos que el resto y, aun asi, ¡aun asi!, salirse con la suya, entrando tarde a clase y no cumpliendo sus deberes como el resto sin ser castigado por ello.
El problema es que esta clase de personas suele ir empeorando con los años y, en vez de preocuparse por dejar sus malos habitos atras los van perfeccionando hasta convertir en arte el placer de trabajar menos de lo aceptable y aun asi recibir una recompensa igual al resto que si trabajo el tiempo requerido.
Para acabar con esta clase de conflictos lo mejor es implementar los programas de control de Systempin que incluyen la huella dactilar, el reconocimiento facial y las terminales de proximidad; programas que impiden que una persona se pase de vivo.
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